El progreso humano está indisolublemente vinculado al avance de la ciencia y la tecnología y su aplicación a fines industriales y comerciales. Ese avance se da normalmente por evolución, en cuyo caso la aceptación y adopción de la nueva tecnología no representa un problema. Cada tanto se da un avance “discontinuo” o un “salto” en el desarrollo que ocasiona un cambio radical en el modo de hacer las cosas y, por lo tanto, una aprensión en su adopción y uso, fundamentalmente por el temor a lo desconocido.
Por biotecnología agrícola se entiende toda técnica que usa organismos vivos, o substancias derivadas de esos organismos, para crear o modificar un producto, mejorar plantas o animales o desarrollar microorganismos para usos específicos. Tomando esta definición, encontramos que la biotecnología ha sido utilizada por el hombre desde mucho tiempo atrás, en actividades tales como la elaboración del pan, queso, yogurt y bebidas alcohólicas (vino, cerveza) o el mejoramiento de cultivos y de animales domésticos (Cohen, 1994).
La biotecnología moderna parte de estas técnicas tradicionales y las integra con un conjunto de nuevas tecnologías y disciplinas. Así, más que una ciencia en si misma, al presente la biotecnología consiste esencialmente en un mix de conocimientos científicos provenientes de distintas áreas (genética, biología molecular, bioquímica, embriología, biología celular) que son convertidos en tecnologías productivas a través del empleo de disciplinas prácticas tales como la ingeniería química, las tecnologías de la información y la robótica (ADB, 2001).
La ingeniería genética está dentro de esta categoría. La posibilidad de manipular los genes de distintas especies para obtener resultados más rápidamente que a través de los clásicos cruzamientos mendelianos es un enorme salto tecnológico que tiene un gran potencial en términos de aumento de la productividad pero despierta incógnitas, por sus eventuales efectos en el medio ambiente, la biodiversidad y la salud.
Las ventajas y desventajas de estas biotecnologías agrícolas han desatado un importante debate a nivel internacional en el que se mezclan razones científicas, cambios regulatorios, fuertes intereses comerciales y distintas percepciones de los consumidores (Trigo, E. 2002).
Organismos Vivos Modificados
En los últimos 30 años, la biotecnología moderna ha revolucionado nuestra capacidad de alterar las formas de vida. Los científicos han aprendido cómo extraer y transferir, de una especie a otra, cepas de ADN y genes íntegros, que contienen las instrucciones bioquímicas que rigen el desarrollo de un organismo.
Utilizando técnicas sofisticadas, pueden manipular con precisión las intrincadas estructuras genéticas de las células vivas de los individuos. Por ejemplo, pueden insertar genes de un pez de agua fría en un tomate para crear una planta tolerante a las heladas, o utilizar genes bacterianos para producir maíz tolerante a herbicidas. Los resultados de estas operaciones se conocen como Organismos Vivos Modificados – OVMs o, más popularmente, organismos genéticamente modificados – OGMs.
Desde que, en 1994, se pusieron a disposición los primeros tomates genéticamente modificados en las tiendas de los Estados Unidos, se han modificado docenas de cultivos alimentarios y animales para aumentar el valor comercial y la producción, mejorar la nutrición o crear resistencia a plagas y enfermedades. Los promotores alegan que la biotecnología ha de impulsar la seguridad alimentaria para la población mundial en constante aumento, al elevar la producción de alimentos sostenibles. Ha de redundar en beneficio del medio ambiente, al reducir la necesidad de más tierras arables, riegos y plaguicidas. Ha de permitir también mejores tratamientos médicos y vacunas, nuevos productos industriales y mejores fibras y combustibles (CDB, 2003).
Bioseguridad
Si bien la biotecnología moderna puede tener muchas posibilidades, se la debe desarrollar y utilizar adoptando las medidas de seguridad adecuadas, en particular en lo que respecta al medio ambiente. Los países con sólidas industrias de biotecnología disponen de una legislación nacional y de sistemas de evaluación de riesgos implementados y operativos. Sin embargo, muchos países en desarrollo interesados en la biotecnología moderna y sus productos están todavía en el proceso de elaborar reglamentaciones (CDB, 2003).
De manera general puede decirse que la bioseguridad es el manejo seguro de organismos vivos, con énfasis especial en aquellos que se sabe pueden causar impactos negativos; o sobre los que se tiene algún indicio o duda que puedan ocasionarlos. Para lograr ese manejo seguro son necesarios instrumentos legales y administrativos integrados en un marco regulatorio de obligatorio cumplimiento, que además incluya los elementos técnicos como acciones de prevención, medidas de erradicación y técnicas de mitigación y manejo (ICA, 2004).
El concepto de bioseguridad, referida a organismos modificados por ingeniería genética, abarca una gama de conocimientos, medidas, políticas y procedimientos científicos diseñados e implementados con el objetivo de reducir al mínimo los posibles riesgos que podrían plantear la biotecnología moderna al medio ambiente, la salud humana y la biodiversidad. El establecimiento de salvaguardias fiables y eficaces para los Organismos Vivos Modificados – OVMs, es fundamental para aprovechar al máximo los beneficios de la biotecnología y reducir al mínimo sus riesgos (CDB, 2003).
MARCOS LEGALES
- DIRECTIVAS A.1 Directiva N°…….: Proyecto de creación de la Comisión Interna de Bioseguridad del INIEA, CInBio-INIEA.